Mañana salimos de vacaciones. Tengo varias estancias, regalo de mis hijas, en principio vamos a ir a un parador, por primera vez en nuestra vida, nos pilla de camino y será una buena experiencia. Me llevaré las otras estancias por si hay tiempo a la vuelta y podemos aprovechar alguna más, si no, algún fin de semana iremos.
Como nada ya llevo la mitad de mi mes de vacaciones. Lo malo es que estoy algo pachucha, nada grave, pero no he podido disfrutar como quisiera. Pero bueno, hemos estado en el campo y con mi nieto, ¿que más puedo pedir?
Tenemos un gato Tristán hace años y nunca lo sacamos de casa porque se pasa el rato maullando y asustado. Pero este año ha ido al campo. Al principio se asustaba, los encerramos en el patio a Tristán y a Letur, el gato de mi hijo que anda por aquí desde que somos abuelos. Pero qué diferentes son: Letur en ver su caja de transporte se mete dentro y ellos suelen ir a un pueblo que tardan dos horas, pues Letur tranquilo, no dice nada hasta que llegan. Tristán tarda 20 minutos en llegar al campo y nos lleva con sus maullidos, y lo angustiado que se le ve, que nos pone nerviosos a todos. Pero bueno, luego en el campo se lo ha pasado bien, ha investigado por allí y ha estado bien. Ahora lo cuidará mi hija Ana hasta que volvamos.
Pues hoy Letur estaba bastante pesado de camino a su casa. Aunque no tanto como el otro, es verdad.
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