martes, 6 de diciembre de 2011

Tristán

  Ayer nos dejó y no sabemos por qué. Era nuestro gato, blanco, con manchas negras, de cabeza pequeña, un ojo verde y el otro azul, miedoso a todo lo desconocido, ahora ya con 7 años menos corredor, pero aún torbellino, patinando al correr por el pasillo fregado, ayer mismo lo hizo.
   Apareció en el campo, eran 3 gatitos y parece que su madre murió o no sabemos, porque muy pequeños aún, el hambre les hizo dirigirse hacia nosotros. Mi hija Nuria los adoptó, todos los días se desviaba un poco de su camino al trabajo para darles leche mojada en fartons, luego pienso de gatitos. Un día Sergio y Leonor acudieron a darles de comer y no estaban, preguntaron a los vecinos que tienen un perro, y apareció sólo Tristán, se lo trajeron a casa, nosotros estábamos de viaje pero al volver nos hizo gracia y se quedó. Lo llevamos a vacunar y a esterilizar cuando fué el momento, y aquí vivía como un rey. Dormía en la galería, le preparaba una cama de verano en un sillón de terraza y en invierno podía elegir, un portagatos acolchado que se le había roto la cremallera, con una mantita. o una especie de tienda de campaña hecha con mantitas de cuando mis hijos eran bebés. La galería está abierta todo el día, allí tenía su cajón de arena y el comedero y agua, pero para dormir tenía que llevarlo mi marido, él por sí mismo no iba, pero cuando era la hora venía a buscar a mi marido, si la película de la tele no había acabado, para que lo llevase a dormir y cerrase la puerta. La primera vez que salimos de viaje mis hijos decidieron no acostarlo, que hiciera lo que quisiera y se pasó la noche dando la lata, y cuando volvimos no se apartaba de mi marido esperando que lo llevase a dormir, cosas de Tristán, no sé de ningún otro gato que lo haga.
      A Nuria la conocía antes de abrir la puerta de la calle, recuerdo que ya vivía con su novio y habían estado aquí, se fueron, pero riñeron y ella se vino con la maleta, Tristán se puso todo nervioso, yo le decía que no, que Nuria hoy ya no volvía, me quedé  de piedra cuando la ví aparecer, porque el gato ya hacia rato que la presentía.
       Ana vive enfrente de casa y le encantaba ir allí, eso que al principio el mueble del baño con su espejo le daba miedo, no sé que se le antojaba, pero le costó acostumbrarse. Ella se puso las ventanas nuevas y se abren las dos puertas, no como las mías, y cuando se asomaba allí se extrañaba mucho.
         Lo echaremos mucho de menos, cuando se plantaba delante del frigorífico porque quería jamón de york o delante de los cajones de la cocina si lo que quería eran barritas.
         Hace unos días, estábamos de viaje y Ana le detectó un ganglio abultado, fue a la veterinaria que es amiga y vecina y le dijo que si comía y hacía vida normal no era necesario que se lo llevara, nosotros volvimos el sábado y, como siempre, incluso ayer por la mañana estaba normal,  nos fuimos y a las 5 al volver estaba tumbado en la cama y maullaba de forma que no lo había visto nunca, lo llevamos al veterinario de urgencia y dijo si habría podido tomar insecticida, no, el insecticida está guardado y no puede tomarlo, además con lo raro que era, no creo que lo tomase aunque lo hubiera tenido a mano.
          Le pinchó tres inyecciones pero ya nos dijo que estaba muy mal, yo confiaba en lo de las 7 vidas, le pusimos en su sillón, en la cocina, con la estufa, y allí murió, a las 10 de la noche, conmigo. Espero que habrá un cielo de animales, donde pueda seguir sus correrías, nos dió trabajo y problemas, pero nos alegró la vida. Eso sí, no quiero más animales en casa nunca más, te dan mucho, pero se sufre mucho al perderlos.

1 comentario:

  1. Intenté dejarte un comentario, pero se ve que se perdió en el ciberespacio. Te decía que yo pensé en dedicarle un post al gato, pero no me salió.

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